Muchas parejas creen que no queda nada por hacer cuando empiezan a pensar en divorciarse. Sin embargo, existen opciones que pueden ayudar a salvar el matrimonio. Estas son tres posibilidades que conviene considerar.
Pruebe la terapia de pareja
Si ambos están dispuestos a trabajar en la relación, la terapia puede ser de gran ayuda. Una persona neutral permite que ambos sean escuchados y expresen sus sentimientos de manera justa. Un terapeuta autorizado ayuda a comprender y resolver las dificultades mediante ejercicios de comunicación, escritura personal o conversaciones sinceras.
La terapia no solo aborda los problemas actuales: también crea una base para resolver conflictos futuros. Permite afrontar los motivos que llevan a pensar en el divorcio y planificar cómo evitarlos en adelante.
Por lo general, la terapia no funciona si ambos no están plenamente comprometidos con el proceso y con salvar el matrimonio. Los dos deben participar y tomar en cuenta las recomendaciones del terapeuta.
Converse con calma con su pareja
Si es posible, siéntense a conversar con tranquilidad, una o varias veces. Hablen por turnos sobre sus sentimientos y sobre por qué creen que el matrimonio no funciona. No debe haber gritos, insultos ni acusaciones.
Exprese lo que siente con calma, sin culpar injustamente a su pareja ni mencionar asuntos antiguos que no vienen al caso. Concéntrese en resolver los problemas actuales en lugar de aferrarse a resentimientos. Mantenga la conversación centrada en ustedes dos: las opiniones de otras personas no forman parte del matrimonio.
Recuerde que no puede retirar lo dicho. Antes de hablar, piense bien lo que quiere expresar. La conversación no es una oportunidad para insultar a su pareja ni hacerla sentir mal por sus defectos.
Estas pautas pueden ayudar a conversar con sinceridad y tranquilidad y, con suerte, resolver los problemas antes de recurrir al divorcio.
Piense en cómo afectará el divorcio a otras personas
A veces las parejas se rinden sin considerar plenamente qué significará el divorcio para ellas, sus familias y sus amistades.
Si tienen hijos, piensen en cómo podría afectarles. Los niños pueden experimentar problemas de conducta y otras dificultades que continúan en la edad adulta. Adaptarse a la separación puede ser difícil y contribuir a un bajo rendimiento escolar, ansiedad social y otros cambios importantes.
Aunque no tengan hijos, consideren sus amistades. Si comparten amistades con muchas parejas, algunas relaciones podrían debilitarse o terminar. Conservar amistades no es una razón suficiente para permanecer en un mal matrimonio, pero es un aspecto que pueden considerar al tomar la decisión.



